Valle Abierto
Imponente…
Dulce y vengativa,
Es la sangre de tus hijos la que corre por tus laderas.
Mátame…
Líbrame de la cruel ansiedad,
Si es tu deshaciado y hermoso día cómplice del inclemente sol.
No te sonrojes, Medellín.
Tu ambigua fama es bien merecida…
Eres la envidia edificada de tus vecinas,
El orgullo pedante de la testosterona que te habita.
¿Cómo responder a tu cruel beso?
¿Cómo librarnos del pedante abrazo de tus montañas?
Vos…
Que me observás tibia,
Y contemplás mi mal proceder,
Demandás que te camine entre indiferentes juergas borra-cassttes…
Y no hay canción suficiente,
No hay verso que te seduzca.
Eres lupa en granja de hormigas,
Determinas la hora y muerte de tus propias semillas.
Es tu Viernes eufórico y tu Domingo autodestructivo…
Tus ocasos efímeros y egoistas.
Estaré ahí para contemplar mi propio apocalípsis,
Ver como vuelves niña a mis brazos,
Rogando que vuelva pronto de la herejía.
Pues Oiré murmurar otros muros!
Me extraviaré entre otros callejones!
Le hablaré al oido a otras mujeres!
Y me harán delirar otros vicios!
Háblame Coqueta!
Invítame a presenciar el hermoso acto de tus tardes nubladas!
Pues el fin del mundo nunca usurpará tu Valle,
Te ansío,
Devoto.
Te odio,
Mediocre.
Pues nunca retribuirás el infinito amor que a vos pregono.
Ingrata, Impune, Indecisa.
Que nadie jamás acalle tu nombre,
Ni las mas justas e inmensas.
Son tus calles estrechas y tradición eterna.
Es mi poema… Medellín.