Los días se agotan,
Y ya no soy testigo de su maquillaje coqueto,
De su dilema de mil prendas.
Cómo llegar a violentarle?
Cómo ser capaz odiarle?
Si la tarde fluye apacible cuanto se aferra a mi brazo,
Y su sueño descansa impune en mi pecho blando.
Luz de sus ojos,
No existe otro color cierto.
Corazón:
Vuelve a este, tu gorrión en mano…
Y déjame volver a presenciar el acto imposible de tu despertar tierno.